Los símbolos del Espíritu
Santo
Al Espíritu Santo se le representa de diferentes formas:
- El Agua: El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu
Santo en el Bautismo, ya que el agua se convierte en el signo sacramental
del nuevo nacimiento.
- La Unción: Simboliza la fuerza. La unción con el óleo es sinónima del Espíritu
Santo. En el sacramento de la Confirmación se unge al confirmado para
prepararlo a ser testigo de Cristo.
- El Fuego: Simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu.
- La Nube y la Luz: Símbolos inseparables en las
manifestaciones del Espíritu Santo. Así desciende sobre la Virgen María
para "cubrirla con su sombra". En el Monte Tabor, en la
Transfiguración, el día de la Ascensión; aparece una sombra y una nube.
- El Sello: Es un símbolo cercano al de la unción. Indica el carácter indeleble
de la unción del Espíritu en los sacramentos y hablan de la consagración
del cristiano.
- La Mano: Mediante la imposición de manos los Apóstoles y ahora los Obispos,
trasmiten el "don del Espíritu".
- La Paloma: En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo aparece en forma de
paloma y se posa sobre Él.
El Espíritu Santo y la
Iglesia
La Iglesia
nacida con la Resurrección de Cristo, se manifiesta al mundo por el Espíritu
Santo el día de Pentecostés. Por eso aquel hecho de que "se pusieron a
hablar en idiomas distintos" , (Hch 2,4) para que todo el mundo
conozca y entienda la Verdad anunciada por Cristo en su Evangelio.
La Iglesia no es una sociedad como cualquiera; no nace
porque los apóstoles hayan sido afines; ni porque hayan convivido juntos por
tres años; ni siquiera por su deseo de continuar la obra de Jesús. Lo que hace
y constituye como Iglesia a todos aquellos que "estaban juntos en el
mismo lugar" (Hch 2,1), es que "todos quedaron llenos del
Espíritu Santo" (Hch 2,4).
Una semana antes, Jesús se había "ido al
Cielo", y todos los que creemos en Él esperamos su segunda y definitiva
venida, mientras tanto, es el Espíritu Santo quien da vida a la Iglesia, quien
la guía y la conduce hacia la verdad completa.
Todo lo que la Iglesia anuncia, testimonia y celebra
es siempre gracias al Espíritu Santo. Son dos mil años de trabajo apostólico,
con tropiezos y logros; aciertos y errores, toda una historia de lucha por
hacer presente el Reino de Dios entre los hombres, que no terminará hasta el
fin del mundo, pues Jesús antes de partir nos lo prometió: "…yo estaré con ustedes, todos los días hasta el fin del mundo"
(Mt. 28,20)
El Espíritu Santo y la
vida cristiana
A partir del
Bautismo, el Espíritu divino habita en el cristiano como en su templo (Cf. Rom
8,9.11;
1Cor 3,16; Rom 8,9). Gracias a la fuerza del Espíritu que habita en nosotros,
el Padre y el Hijo vienen también a habitar en cada uno de nosotros.
El don del Espíritu Santo es el que:
- nos eleva
y asimila a Dios en nuestro ser y en nuestro obrar;
- nos
permite conocerlo y amarlo;
- hace
que nos abramos a las divinas personas y que se queden en nosotros.
La vida del cristiano es una existencia espiritual,
una vida animada y guiada por el Espíritu hacia la santidad o perfección de la
caridad. Gracias al Espíritu Santo y guiado por Él, el cristiano tiene la
fuerza necesaria para luchar contra todo lo que se opone a la voluntad de Dios.
(Cf. Gal 5,13-18; Rom 8,5-17).
Para que el cristiano pueda luchar, el Espíritu Santo
le regala sus siete dones, que son disposiciones permanentes que hacen al
hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu, estos dones son:
- Sabiduría: nos comunica el gusto por las
cosas de Dios.
- Ciencia: nos enseña a darle a las cosas
terrenas su verdadero valor.
- Consejo: nos ayuda a resolver con criterios
cristianos los conflictos de la vida.
- Piedad: nos enseña a relacionarnos con Dios
como nuestro Padre y con nuestros hermanos.
- Temor de Dios: nos impulsa a apartarnos de
cualquier cosa que pueda ofender a Dios.
- Entendimiento: nos da un conocimiento más
profundo de las verdades de la fe.
- Fortaleza: despierta en nosotros la audacia
que nos impulsa al apostolado y nos ayuda a superar el miedo de defender
los derechos de Dios y de los demás.
Experiencias del Espíritu
Santo en la vida concreta
-Cuando se da una esperanza total que prevalece sobre todas las demás
esperanzas particulares, que abarca con su suavidad y con su silenciosa
promesa todos los cimientos y todas las caídas;
-Cuando se acepta y se lleva libremente una responsabilidad donde no se
tienen claras perspectivas de éxito y de utilidad;
-Cuando se da como buena la suma de todas las cuentas de la vida que uno
mismo no puede calcular pero que Otro ha dado por buenas, aunque no se
puedan probar;
-Cuando la experiencia fragmentada del amor, la belleza y la alegría se
viven sencillamente y se captan como promesa del amor, la belleza y la
alegría, sin dudar a un escepticismo cínico como consuelo barato del
último desconsuelo;
-Cuando el vivir diario, amargo, decepcionante y aniquilador se vive
con serenidad y perseverancia hasta el final, aceptado por una fuerza cuyo
origen no podemos abarcar ni dominar;
-Cuando se corre el riesgo de orar en medio de tinieblas silenciosas
sabiendo que siempre somos escuchados, aunque no percibamos una respuesta
que se pueda razonar y disputar;
-Cuando uno se entrega sin condiciones y esta capitulación se vive como
una victoria;
-Cuando se experimenta la desesperación, y misteriosamente se siente
uno consolado sin consuelo fácil: Allí está Dios y su gracia liberadora,
allí conocemos a quien nosotros, cristianos, llamamos Espíritu Santo de
Dios".