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jueves, 24 de diciembre de 2015

Viniste como amigo.



Señor Jesús, llegaste a mí humilde
y discretamente, para ofrecerme tu amistad.
Me elevaste a tu nivel, bajándote tú al mío,
y deseas un trato familiar, pleno de abandono.
Permaneces en mí misteriosamente,
como un amigo siempre presente,
dándoseme siempre,
y colmando por completo
todas mis aspiraciones.
Al entregársenos,
poseemos contigo toda la creación
pues, todo el universo te pertenece.
para que nuestra amistad sea perfecta,
tú me asocias a tus sufrimientos y alegrías,
compartes conmigo tus esperanzas
tus proyectos, tu vida.
Me invitas a colaborar en tu obra redentora,
a trabajar contigo con todas mis fuerzas.
Quieres que nuestra amistad
sea fecunda y productiva,
para mí mismo y para los demás.
Dios, amigo del hombre,
creador amigo de la creatura,
Santo amigo del pecador.
Eres el amigo ideal,
que nunca falla a su fidelidad
y nunca se rehúsa a sí mismo.
Al ofrecimiento de tan magnífica amistad,
quisiera corresponder
como Tú lo esperas y mereces,
procediendo siempre como tu amigo.
Amén.


Oración.




Las palabras humanas
apagaron el amor y las estrellas,
anochecieron la vida...
Por eso tienes que venir,
oh urgente Niño,
a lo profundo de esta noche
ya medio construida,
para implantar la paz,
el sueño y la canción,
¡Verbo eterno de Dios,
hecho a nuestra medida!


lunes, 21 de diciembre de 2015

La Navidad es renacer.



La Navidad es cercanía: rompe con lo que te separa de los demás.
La Navidad es amor: ¡Bríndate generosamente!
La Navidad es oración: si estás frío con Dios, háblale.
La Navidad es canto: si estás desafinado, entónate
La Navidad es perdón: si estás enojado, reconcíliate.
La Navidad es adoración: si eres soberbio, arrodíllate.
La Navidad es dulzura: si estás amargado, dulcifica tu persona.
La Navidad es cielo: si vives en un infierno, coge la escalera de Jesús.
La Navidad es paz: si eres violento, busca las armas de la fraternidad.
La Navidad es compartir: si eres tacaño, despréndete de algo.
La Navidad es confiar: si eres desconfiado, da otra oportunidad.
La Navidad es alegría: si estás triste, busca razones para la sonrisa.
La Navidad es esperanza: si estás derrotado, levántate: Dios te quiere.
La Navidad es regalos: si no los tienes, aprende a conquistarlos.
La Navidad es silencio: si estás afónico, serénate un poco.
La Navidad es Dios: si vives lejos de El, aún estás a tiempo para volver.
La Navidad es Jesús: si no lo ves, búscalo dentro de ti.
La Navidad es María: si te parece pobre, enriquécela con tu cariño.
La Navidad es José: si no eres responsable, mírale de cerca.
La Navidad es Angel: si no tienes alas, supérate a ti mismo.
La Navidad es anuncio: si estás sordo, abre tus oídos a la Buena Noticia.
La Navidad es verdad: si vives en la falsedad, recupera la transparencia.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Sentido cristiano del Árbol de Navidad.



Los adornos más tradicionales del árbol de Navidad son:
  • Estrella: Colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella que guió a los Magos hasta Belén.
  • Esferas: En un principio San Bonifacio adornó el árbol con manzanas, representando con ellas las tentaciones. Hoy día, se acostumbra a colocar bolas o esferas, que simbolizan los dones de Dios a los hombres.
  • Lazos: Tradicionalmente los lazos representan la unión de las familias y personas queridas alrededor de dones que se desea dar y recibir.
  • Luces: En un principio velas, representan la luz de Cristo.
Un poco de historia
Los antiguos germanos creían que el mundo y todos los astros estaban sostenidos pendiendo de las ramas de un árbol gigantesco llamado el “divino Idrasil” o el “dios Odín”. En cada solsticio de invierno, cuando suponían que se renovaba la vida, le rendían un culto especial.
La celebración de ese día consistía en adornar un árbol de encino con antorchas que representaban a las estrellas, la luna y el sol. En torno a este árbol, bailaban y cantaban adorando a su dios.
Cuentan que San Bonifacio, evangelizador de Alemania e Inglaterra, derribó el árbol que representaba al dios Odín, y en el mismo lugar plantó un pino, símbolo del amor perenne de Dios y lo adornó con manzanas y velas, dándole un simbolismo cristiano: las manzanas representaban las tentaciones, el pecado original y los pecados de los hombres; las velas representaban a Cristo, la luz del mundo y la gracia que reciben los hombres que aceptan a Jesús como Salvador. Esta costumbre se difundió por toda Europa en la Edad Media y con las conquistas y migraciones, llegó a América.
Poco a poco, la tradición fue evolucionando: se cambiaron las manzanas por esferas y las velas por focos que representan la alegría y la luz que Jesucristo trajo al mundo.
Las esferas y sus colores, actualmente simbolizan las oraciones que hacemos durante el periodo de Adviento:
Esferas
  • Esferas Azules: Simbolizan oraciones de arrepentimiento
  • Esferas Plateadas: Oraciones de agradecimiento
  • Esferas Doradas: Oraciones de alabanza
  • Esferas Rojas: Oraciones de petición
Se acostumbra poner una estrella en la punta del pino que representa la fe que debe guiar nuestras vidas.
También se suele adornar con diversas figuras el árbol de Navidad. Éstos representan las buenas acciones y sacrificios, los “regalos” que le daremos a Jesús en la Navidad.
Para aprovechar la tradición: Adornar el árbol de Navidad a lo largo de todo el Adviento, explicando a los niños cada simbolismo. Los niños pueden elaborar sus propias esferas (24 a 28, dependiendo de los días que tenga el Adviento) con una oración o un propósito en cada una. Conforme pasen los días, las van colgando en el árbol de Navidad hasta Nochebuena.
(Fuentes: Catholic.Net y PrimerosCristianos.Wordpress.com)

viernes, 26 de diciembre de 2014

Carta de Jesús para ti en esta Navidad




Como bien sabes, amigo mío, yo pedía muy pocas cosas en mi vida. 
Pedí una posada, antes de nacer, pensando sobre todo en mi madre. 
Pedí a Zaqueo que me alojara en su casa, y a otro buen amigo el salón para celebrar la Pascua. 
Pedí un par de veces agua para beber. ¡Ah!, y también pedí un burrito para hacer mi entrada triunfal en Jerusalén, y así no dejar mal al profeta Zacarías. No me interesaban las cosas. Me interesaban las personas. 
Me interesaba, sobre todo, la amistad. 
No me cansaba de pedir amigos: amigos que me siguieran, que se unieran a mi causa, que estuvieran conmigo, que continuaran mi tarea. 
Mi tarea de hoy va en la misma línea. 
No os voy a pedir ayuda material, aunque también la necesito para mis pobres. Tampoco os voy a pedir que dejéis a vuestra familia y vuestros estudios, aunque a alguno se lo seguiré pidiendo. 
Mi petición va dirigida a todos y está al alcance de todos. Mirad, tengo unas ganas tremendas de seguir "haciendo el bien", pues veo a tanta gente triste y necesitada. 
Me muero de pena al ver que muchos niños no sonríen y mueren prematuramente. 
No puedo soportar la imagen del joven que camina a la deriva, que quema su vida con cualquier tipo de droga y se hunde en el infierno del vacío y de la desesperación. 
Me entristece la estampa del viejo, al que nadie quiere y parece estorbar en todas las partes. 
Cada matrimonio que se rompe es una cuchillada a mi corazón. No digamos otro tipo de violencias y de guerras. 
Me indigna el que unos se aprovechen de los otros, que siga habiendo personas y pueblos sin libertad y sin dignidad. 
En fin, no voy a repetir aquí lo que bien sabéis vosotros. 
Lo que si quiero deciros es que unas veces me dan ganas de llorar y otras de coger el látigo. 
Y lo que os pido, lo que te pido, es que me prestes tus manos para que con ellas yo pueda seguir curando, bendiciendo y acariciando. 
Te pido que me prestes tus pies para que pueda seguir acudiendo a las llamadas de tantos desvalidos y para correr detrás de los que se descarrían. 
Te pido tus labios, para besar a tantos niños y a tantos hambrientos de amor. Te pido tu lengua, para seguir dando buenas noticias a los pobres y denunciar a los hipócritas y opresores. 
Te pido tus ojos, para mirar con ternura y cariño a toda la gente. 
Te pido tu rostro, para sonreír a cada uno, para sonreír a pesar de todo, para iluminar todas las situaciones con mirada de gracia, de paz y de alegría. 
Estáis tan nerviosos y preocupados, que lo llenáis todo de angustia. 
Te pido en fin, tu corazón, para que yo pueda seguir amando a mi manera.
Si me los prestas, no hace falta que te desprendas de ellos. 
Es muy sencillo: utilizados tú como si fuesen míos, como si ahora te los prestara yo. 
Haz tú con ellos lo que estoy deseando hacer yo. 
Sonríe, pues, aunque no tengas ganas de hacerlo, pero sabiendo que yo lo quiero. 
Comparte, aunque te cueste, pero piensa que yo lo haría. 
Te infundiré mi Espíritu, para actuar yo desde tú mismo. 
Te enseñaré el modo y la manera, te daré la fuerza y la capacidad. 
Yo me prolongaré en ti. 
Tú serás mi instrumento. 
Tú y yo seremos, te lo aseguro, un Dios para el hermano. 
Te lo pido por el amor del Padre, por el dolor de los inocentes, por todo lo que más quieras. 
En espera de tu respuesta positiva, te mando un abrazo. 
Jesús


Regalos de Jesús.




Te regalo a mi Santísima Madre, para que sea tu Madre.
Te regalo mi alegría para que tengas una fuente inagotable de paz.
Te regalo mis fuerzas para que te sostengas en tu cansancio cuando sirvas a los demás. 
Te regalo la quietud de la noche bendita de mi nacimiento para que llenes tu alma de paz.
Te regalo mis ojos para que con ellos puedas dar una nueva mirada a este universo que puse a tu servicio.
Te regalo mi caridad para que sientas el anhelo de trabajar por los desposeídos y de compartir tu pan con los hambrientos.
Te regalo mi amor para que llene tu corazón de él, puedas prodigarte a los demás.
Te regalo mi paz para que con tu buena voluntad des gloria a Dios.
Te regalo mi humildad para que desde tu condición de hombre, estés dispuesto a crecer y superarte.
Te regalo la mula del establo para que calientes con tu fervor.
Te regalo mi sencillez para que puedas llegar al Reino de los Cielos.
Te regalo la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar y mi valentía para cambiar las que puedo.
Te regalo mis ángeles para que te enseñen a ser mensajero de paz.
Te regalo las caricias de mis manos para que te consuelen y alienten.
Te regalo las lágrimas de mi madre como bálsamo de tus penas.
Te regalo la miel que llevaron los pastores para que endulces la vida de los tuyos con cariño y generosidad.
Te regalo mi humildad para engrandecerte.
Te regalo mi estrella para que te muestre el camino que a mí conduce.
Te regalo la música para que como ella alegra, tu también logres dar gozo a los demás.
Te regalo mis lágrimas para que laves con ellas tus pecados.
Te regalo la luz de mi mirada para que guíe tus pasos.
Te regalo mi misericordia para que con ella juzgues a tus hermanos.
Te regalo mi alegría para que con ella contagies al mundo.
Te regalo mi ternura para que con ella sirvas a los pequeños y a los necesitados.
Te regalo mis manos para que con ellas construyas mi Reino.
Te regalo mi amistad para que en ella te apoyes.
Te regalo mi paz para que la contagies a todos los que crucen en tu camino.
Como la estrella iluminó el camino de los reyes, recibe la luz de mi amor para que la irradies a los demás.
Te regalo mi hombro que sostuvo la cruz del pecado de la humanidad para que te ayude a cargar tu cruz.
Te regalo mi pesebre para que en él repose tu corazón.
Te regalo el perdón para que como un bálsamo sane el rencor y cada ofensa que guardes en tu corazón y así en paz contigo mismo me ofrezcas lo mejor de ti.
Te regalo mi amor para que sea la prenda de tu felicidad.
Te regalo el sol para que así como él alumbra al mundo, alumbres tú la vida de tu familia y tus amigos.
Te regalo mis pies para que te guíen por el camino de la verdad.
Te regalo mi amor para que sea la prenda de tu felicidad.
Te regalo mi boca para que con ella denuncies la injusticia.
Te regalo mis llagas para que te conforten en tu dolor y crezca en ti la esperanza.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Carta de Jesús.



(Una historia sobre el verdadero sentido de la Navidad)
Querido Amigo:
Hola, te amo mucho. Como sabrás, nos estamos acercando otra vez a la fecha en que festejan mi nacimiento.
El año pasado hicieron una gran fiesta en mi honor y me da la impresión que este año ocurrirá lo mismo. A fin de cuentas ¡llevan meses haciendo COMPRAS para la ocasión y casi todos los días han SALIDO anuncios y avisos sobre lo poco que falta para que llegue!
La verdad es que se pasan de la raya, pero es agradable saber que por lo menos un día del año, piensan en mí. Ha transcurrido ya mucho tiempo cuando comprendían y agradecían de corazón lo mucho que hice por toda la humanidad.
Pero hoy en día, da la impresión de que la mayoría de la gente apenas si sabe por qué motivo se celebra mi cumpleaños.
Por otra parte, me gusta que la gente se reúna y lo pase bien y me alegra sobre todo que los niños se diviertan tanto; pero aún así, creo que la mayor parte no sabe bien de qué se trata. ¿No te parece?
Como lo que sucedió, por ejemplo, el año pasado: al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta, pero ¿Puedes creer que ni siquiera me invitaron? ¡Imagínate! ¡Yo era el invitado de honor! ¡Pues se olvidaron por completo de mí!.
Resulta que habían estado preparándose para las fiestas durante dos meses y cuando llegó el gran día me dejaron al margen. Ya me ha pasado tantísimas veces que lo cierto es que no me sorprendió.
Aunque no me invitaron, se me ocurrió colarme sin hacer ruido. Entré y me quedé en mi rincón. ¿Te imaginas que nadie advirtió siquiera mi presencia, ni se dieron cuenta de que yo estaba allí?
Estaban todos bebiendo, riendo y pasándolo en GRANDE, cuando de pronto se presentó un hombre gordo vestido de rojo y barba blanca postiza, gritando: "¡jo, jo, jo!".
Parecía que había bebido más de la cuenta, pero se las arregló para avanzar a tropezones entre los presentes, mientras todos los felicitaban.
Cuando se sentó en un gran sillón, todos los niños, emocionadísimos, se le acercaron corriendo y diciendo: ¡SANTA CLAUS! ¡Cómo si él hubiese sido el homenajeado y toda la fiesta fuera en su honor!
Aguanté aquella "fiesta" hasta donde pude, pero al final tuve que irme. Caminando por la calle me sentí solitario y triste. Lo que más me asombra de cómo celebra la mayoría de la gente el día de mi cumpleaños es que en vez de hacer regalos a mí, ¡se obsequian cosas unos a otros! y para colmo, ¡casi siempre son objetos que ni siquiera les hacen falta!
Te voy a hacer una pregunta: ¿A tí no te parecería extraño que al llegar tu cumpleaños todos tus amigos decidieron celebrarlo haciéndose regalos unos a otros y no te dieran nada a tí? ¡Pues es lo que me pasa a mí cada año!
Una vez alguien me dijo: "Es que tú no eres como los demás, a ti no se te ve nunca; ¿Cómo es que te vamos a hacer regalos?". Ya te imaginarás lo que le respondí.
Yo siempre he dicho "Pues regala comida y ropa a los pobres, ayuda a quienes lo necesiten. Ve a visitar a los huérfanos, enfermos y a los que estén en prisión!".
Le dije: "Escucha bien, todo lo que regales a tus semejantes para aliviar su necesidad, ¡Lo contaré como si me lo hubieras dado a mí PERSONALMENTE!" (Mateo 25,34-40).
Muchas personas en esta época en vez de pensar en regalar, hacen bazares o ventas de garaje, donde venden hasta lo que ni te imaginas con el fin de recaudar hasta el último centavo para sus nuevas compras de Navidad.
Y pensar todo el bien y felicidad que podrían llevar a las colonias marginadas, a los orfanatorios, asilos, penales o familiares de los presos.
Lamentablemente, cada año que pasa es peor. Llega mi cumpleaños y sólo piensan en las compras, en las fiestas y en las vacaciones y yo no pinto para nada en todo esto. Además cada año los regalos de Navidad, pinos y adornos son más sofisticados y más caros, se gastan verdaderas fortunas tratando con esto de impresionar a sus amistades.
Esto sucede inclusive en los templos. Y pensar que yo nací en un pesebre, rodeado de animales porque no había más.
Me agradaría muchísimo más nacer todos los días en el corazón de mis amigos y que me permitieran morar ahí para ayudarles cada día en todas sus dificultades, para que puedan palpar el gran amor que siento por todos; porque no sé si lo sepas, pero hace 2 mil años entregué mi vida para salvarte de la muerte y mostrarte el gran amor que te tengo.
Por eso lo que pido es que me dejes entrar en tu corazón. Llevo años tratando de entrar, pero hasta hoy no me has dejado. "Mira yo estoy llamando a la puerta, si alguien oye mi voz y abre la puerta, ENTRARÉ en su casa y cenaremos juntos". Confía en mí, abandónate en mí. Este será el mejor regalo que me puedas dar. Gracias
Tu amigo
Jesús


Ceremonia de arrullo del niño Dios.




Vísperas de Navidad
Familias católicas se reúnen a celebrar el nacimiento de Cristo.¡Que Jesús no sea un extraño en tu cena de Navidad!
Ceremonia para acostar y arrullar al Niño Dios
Preside el Papá o la Mamá.
Papá: Para prepararnos a recibir a Dios, que se hizo hombre para salvarnos, reconozcamos que somos pecadores y que necesitamos su salvación.
Todos:Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso, ruego a Santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Papá o Mamá: Recordemos lo que pasó aquella bendita noche hace casi dos mil años. Leer Evangelio deSan Lucas 2, 1-14.
Todos: Te alabamos, Señor.
Papá: Antes de colocar al Niño Jesús en el Nacimiento, _______(el más pequeño de la familia) va a dárnoslo a besar. (Ya que todos lo hayan besado, se colocará al Niño Dios en el pesebre).
Villancico: Se canta o se escucha mientras se besa al Niño. Al acabar, se hacen las peticiones.
Peticiones:
Papá: Pidámosle al Niño Dios, que así como es el centro de este nacimiento hoy, sea todos los días, el centro de nuestra vida.
Todos: Te lo pedimos, Señor.
Papá: Que Jesús, que pudiendo haber nacido rico quiso nacer pobre, nos enseñe a estar contentos con lo que tenemos.
Todos: Te lo pedimos, Señor.
Papá: Que Jesús, que vino a perdonarnos, nos enseñe a no ser rencorosos con los demás.
Todos: Te lo pedimos, Señor.
Papá: Que Él, que vino a fundar la mejor familia del mundo, haga que en la nuestra reine siempre el amor, la unión y el deseo de ayudarnos mutuamente y a las demás familias.
Todos: Te lo pedimos, Señor.
ORACIÓN PARA LA CENA DE NAVIDAD
Papá: Hoy, Nochebuena, tenemos de manera especial y como centro de nuestra familia, a Jesucristo, nuestro Señor. Vamos a encender un cirio en medio de la mesa para que ese cirio nos haga pensar en Jesús y vamos a darle gracias a Dios por habernos enviado a su Hijo Jesucristo.
Gracias Padre, que nos amaste tanto que nos diste a tu Hijo.
Señor, te damos gracias.
Gracias Jesús por haberte hecho niño para salvarnos.
Señor, te damos gracias.
Gracias Jesús, por haber traído al mundo el amor de Dios.
Señor, te damos gracias.
Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que Dios nos ama y que nosotros debemos amar a los demás.
Señor, te damos gracias.
Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que da más alegría el dar que el recibir,
Señor, te damos gracias.
Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que lo que hacemos a los demás te lo hacemos a Ti.
Señor, te damos gracias.
Gracias María, por haber aceptado ser la Madre de Jesús.
María, te damos gracias.
Gracias San José, por cuidar de Jesús y María.
San José, te damos gracias.
Gracias Padre, por esta noche de paz, noche de amor, que Tú nos has dado al darnos a tu Hijo. Te pedimos que nos bendigas, que bendigas estos alimentos que dados por tu bondad vamos a tomar y bendigas las manos que los prepararon, por Cristo Nuestro Señor, Amén.

Oración al Niño que va a nacer.



Que la luz nueva, clara y fuerte de Dios hecho Niño 
llene nuestras vidas y consolide nuestra fe, 
nuestra esperanza... 
Quiero invitarte a pensar que 
necesitamos transformar el mundo. 
Ya basta de tener un mundo lleno 
de tristezas y de dolores. 
Deseo con todas las fuerzas de mi corazón 
que el Niño Jesús que va a nacer 
bendiga nuestras familias y nos llene de esperanza. Amén


Oración para la Nochebuena.



Amar a Dios, nos ayuda a recordar el nacimiento de Jesús, para que podamos compartir en el canto de los ángeles, la alegría de los pastores y la adoración de los magos. Cierra la puerta de odio y abre la puerta del amor en todo el mundo. Deja venir a la bondad con todos los regalos y buenos deseos y con cada saludo. Líbranos del mal por la bendición que trae Cristo, y enséñanos a ser felices con corazones claros. Que el día de Navidad nos haga felices hijos, y la noche de Navidad nos lleve a la cama con pensamientos agradecidos, de perdón y de perdonar, por amor a Jesús. Amén.


¡Gloria a Dios en las alturas,
y en la tierra, paz a los hombres
amados por Él!


jueves, 6 de diciembre de 2012

La Navidad no es cuento.




Alguien me acercó un cuento de Navidad que leyó en alguna parte. Lo contaré a continuación porque realiza un hermoso viaje al corazón de Jesús niño.
Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.
-Acércate -le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?
-No me atrevo… no tengo nada para darte.
-Me gustaría que me des un regalo -dijo el recién nacido.
El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:
-De verdad no tengo nada… nada es mío; si tuviera algo, algo mío, te lo daría… mira.
Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.
-Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy…
-No -contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.
-Con gusto -dijo el muchacho- pero ¿qué?
-Ofréceme el último de tus dibujos.
El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús:
-No puedo… mi dibujo es «rémalo»… ¡nadie quiere mirarlo…!
-Justamente, por eso yo lo quiero… siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
-Pero… ¡lo rompí esta mañana! - tartamudeó el chico.
-Por eso lo quiero… Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo… Y ahora - insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato.
El rostro del muchacho se ensombreció; bajó la cabeza avergonzado y, tristemente, murmuró:
-Les mentí… Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era cierto… ¡Estaba enojado y lo tiré con rabia!
-Eso es lo que quería oírte decir -dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías y tus crueldades, tus defectos. Yo voy a descargarte de ellas… No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a visitarme, a este lugar pobre donde nací, pero que está lleno de todo el amor del mundo, aquí te acogeré, y te abrazaré. Prepárame mi casita, mi pesebre en tu hogar, y déjame entrar, nacer en tu corazón.



Un cuento de Navidad para el primer domingo de Adviento.


Todos los años, al aproximarse la fiesta de Navidad, acontecía algo especial en Paulita. Cuenta su mamá: "Cuatro semanas antes de Navidad, Paulita dice adiós a sus juguetes y se transforma en una niñita tan obediente que encanta. Pero con la llegada del año nuevo vuelve a ser la niña de siempre". Admirada, la madre contempla estos cambios tan bruscos. Ni ella, ni el papá y ninguno de los amiguitos más íntimos de la pequeña saben dar explicación a ese hecho extraño. Solamente Dios conoce su secreto. Cuando Paulita tenía cinco años, su abuela le contó que el Niño Jesús había nacido tan pobre que no tenía como otros niños, una cunita calentita, sino que lo habían dejado en un frío establo, en pleno invierno. Lágrimas de compasión corrieron por las mejillas de la niña: ¡Pobre Niñito Jesús, sin colchón, sin abrigo! ...¡ y Jesús era el Hijo de Dios!... ¿Qué se podía hacer?. - ¿No te gustaría ofrecerle una camita blanda y frazadas abrigadas? - le preguntó con interés la abuelita. - ¡Cuánto me gustará abuelita!... Pero, ¿Cómo puedo hacer yo todo eso? - Escucha. Cada sacrificio que hagas será una pluma para el colchoncito de Jesús, y cada oración una hebra para las sabanitas. Faltan cuatro semanas para el nacimiento. Todavía tú puedes, en este tiempo, prepararle una camita calentita. Este fue el secreto que Paulita guardó con mucho cariño y que nunca olvidó. Cuando la mamá colocaba la Corona de Adviento en el comedor y encendía la primera de las cuatros velas, Paulita comenzaba a juntar plumitas y a fabricar hilos para la camita del Niño Jesús. Al principio esto no fue fácil, pues no podía encontrar nada, no sabía qué sacrificios podía hacer. Un día, durante el juego, Antonia, una de sus compañeras, para molestarla le dio un fuerte pelotazo en la espalda, y cuando Paulita estaba a punto de pagar con la misma moneda, oyó en su interior una vocecita que le decía: "No tires la pelota a Antonia, soporta el dolor por Mí. Has un sacrificio". “Ahora - pensó Paulita - ahora ¡sí Señor!, estas son tus plumitas, los sacrificios para el Niño Jesús". No tiró la pelota y así recogió la primera pluma que guardó en su corazón, en un cofrecito celestial. Aquella misma tarde cuando su madrina le dio un chocolate, ella ya sabía que ese chocolate tenía que ser cambiado por una plumita para el colchón del Niño Jesús. En vez de comérselo, se lo dejó en el bolsillo del abrigo de su hermanito. Al día siguiente ayudó a su mamá llevando un canasto de ropa al lavadero y allí trabajó con ella toda la mañana, tanto que su mamá quedó admirada y la besó suavemente. Todo se transformaba en plumas para el pesebre: dulces, sacrificios y oraciones. En la tercera semana de Adviento, cuando se encendió la tercera velita, Paulita ya había juntado treinta y nueve plumitas. "¿Bastarán?", reflexionó... Como no sabía si treinta y nueve plumas serían suficientes para hacer un colchón, sacó calladita el colchón de la muñeca de su hermana y fue al sótano. Allí, con toda calma, abrió una de las costuras y sacó treinta y nueve plumas. Pero quedó desilusionada al ver el pequeñísimo montón. No había juntado ni la mitad de lo que necesitaba. Tan poca cosa no bastaría para calentar al Niñito Jesús, al Hijo de Dios. "No importa", pensó, y con un suspiro puso otra vez las plumas en el colchón. Desde ese momento la dominaba un solo pensamiento: "¡Más plumas!¡Necesito juntar más plumas, si no el querido Niño Jesús pasará frió!". ¡Cómo se esforzaba la niña! Vivía atenta sin perder ninguna ocasión de hacer un sacrificio. Durante este tiempo ella fue la más amable de las compañeras, la más servicial, especialmente frente aquellas que no le gustaban, y hasta hubiera sido capaz de decirles que hicieran cualquier cosa para así tener la ocasión de juntar otra plumita. ¿Comprenden ahora por qué en cada Adviento Paulita deja de lado sus juguetes? Su tesoro secreto crecía siempre más. El Niño Jesús, ¿no debería tener también sabanitas? En la cama de Paulita había dos y además la abuela le había enseñado cómo hacerlas. Cada vez que rezara, sería una hebra de hilo para las sábanas del Niño Jesús. Ahora Paulita agregó a las oraciones de la mañana y de la noche un Ave María, y cuando miraba el cuadro que colgaba en la paed, sobre la cama, pensaba: "Mi corazón es sólo de Jesús". En el camino a la escuela cuando pasaba por la iglesia, se encontraba con una imagen de la Virgen y el Niño Jesús en brazos. Paulita vio que las flores estaban allí muy marchitas. Desde ese día llevó todas las mañanas un ramo de flores a la iglesia y lo dejó a los pies de la Santísima Virgen. Después, rezó todas las oraciones que se sabía de memoria, recordando que cada una sería hebra de hilo para las sabanitas de su querido Jesús. Finalmente llegó la Navidad, la hermosa Nochebuena. Paulita estaba arrodillada muy cerca del pesebre, en una dulce conversación con el Niño Jesús: “Estás recostado sobre paja, pero en mi corazón, querido Jesús, hay muchas plumitas para calentarte. Tengo dos sabanitas para cubrirte. Ven Niño Jesús, ven a mi corazón; te va a gustar la camita calentita y blandita que te he preparado”. Y el Niño Jesús entró alegremente en el corazón de Paulita.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El verdadero significado de la Navidad.


El verdadero significado de la navidad es uno solo: Jesucristo.

Él vino al mundo con un solo propósito: entregar su vida y morir por nuestros pecados.

El salvador entraba al mundo, en un humilde pesebre pero con un destino glorioso.

Él venía por ti y por mi.

Él es el regalo de navidad, el camino que te lleva al Padre, el don celestial.

Solo debes aceptarlo hoy como cuando un niño extiende sus manos y recibe su regalo navideño.

Cuanto más si es el regalo de Dios para ti: "Porque de tal manera amó Dios al mundo que dió a su hijo unigénito, para que todo aquel que en El crea, no se pierda más tenga vida eterna."

Recibe hoy ese regalo.
Ora a Dios así:
"Padre, te agradezco por tu gran regalo, hoy recibo a Jesús en mi corazón, porque creo que El murió por mi para darme vida eterna. En el nombre de Jesús. Amén."

Que Dios te siga bendiciendo.
Pasa una Feliz Navidad con Jesús.

¿Qué es la Navidad?



En la navidad, se celebra el nacimiento de Jesucristo. Para los cristianos Hijo de Dios; Dios hecho hombre, quien vino a la tierra, según los creyentes, para redimir a los hombres de los pecados o faltas.

La navidad se celebra todos los 25 de diciembre. Siendo esta, junto con la Pascua de Resurrección, las celebraciones más importantes de la Iglesia Católica.

Claro, que no existen evidencias que Cristo haya nacido en aquella fecha. De hecho, ninguno de los evangelios, menciona al 25 de diciembre, como la fecha de su nacimiento. Es más, la Iglesia Ortodoxa, toma el 7 de enero, como la fecha del nacimiento de Cristo. Ya que no aceptó, el calendario gregoriano, que venía a cambiar o reformar, al juliano que data de la época romana.

En la actualidad, se asocia la navidad, con Santa Claus, Papá Noel, Viejito Pascuero, etc. Quien lleva regalos a los niños, que se han portado bien durante el año. La tradición de Santa Claus o su leyenda, surge en Patára de las costas del Mar Mediterráneo en Asia Central, donde un obispo llamado San Nicolás, hace ya mil quinientos años atrás, se dedicó a construir juguetes, para luego llevárselos a los niños de su poblado. O más bien, era un ferviente amante de Cristo, por lo que se esmeraba con gran ahínco, en celebrar la navidad. Retratos de él, no perduraron. Por ende, la imagen actual de Santa Claus, se debe a la imaginación de los publicistas de Coca-Cola. Fueron ellos, quienes le dieron esa imagen de regordete, con una amplia barba y el traje rojo.

La navidad como tal y estamos hablando de la fecha en sí, no fue aceptada hasta el año 345 después de Cristo. Y la fecha fue consignada, por San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno. Y aquella fecha, se debió principalmente, ya que antiguamente, se celebraba en esa misma época, el solsticio de invierno y la llegada de la primavera. En el antiguo calendario, por supuesto. Y es que en sus comienzos, la Iglesia trataba de no reprimir las fiestas paganas, sino que incorporarlas a sus ceremonias. Por ende, aquella fecha, era relevante para los pueblos nórdicos de Europa.

Aquellas culturas celebraban aquella fecha, ya que creían que era en aquel momento del año, donde nacía el dios Sol. Ya que con el paso de los días, se volvía más grande, debido a que iba envejeciendo. O moría, en aquella fecha, para dar paso a una nueva etapa de su vida.

Pero la fiesta pagana, más cercana a la navidad actual, es la fiesta de los romanos, en honor a su dios Saturno; este cuidaba de la agricultura, y se le agasajaba con celebraciones que duraban siete días.

Ya para la Edad Media, existían los villancicos, los cuales exaltaban el nacimiento del Señor en forma de ofrenda musical.

Para el siglo XIX, la navidad tenía la forma, que hoy día goza. Los árboles de navidad, surgen de una tradición alemana, la cual se comienza a desplegar por toda Europa y América. Asimismo, para fines del mismo siglo, comenzaron a ser imprimidas, las primeras tarjetas de navidad, también características de la celebración moderna.