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miércoles, 10 de junio de 2020

Sagrado Corazón de Jesús.


Adoramos el Corazón de Cristo porque es el corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre


Por: Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net 




Explicación de la fiesta

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.
Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días.

Esto significa que debemos vivir este mes demostrándole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.
Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Debemos vivir recordándolo y pensar cada vez que actuamos: ¿Qué haría Jesús en esta situación, qué le dictaría su Corazón? Y eso es lo que debemos hacer (ante un problema en la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, con nuestras amistades, etc.).
Debemos, por tanto, pensar si las obras o acciones que vamos a hacer nos alejan o acercan a Dios.

Tener en casa o en el trabajo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, nos ayuda a recordar su gran amor y a imitarlo en este mes de junio y durante todo el año.

martes, 9 de junio de 2020

Bienaventuranzas.



Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,1-12):

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.» Palabra de Dios

domingo, 7 de junio de 2020

Miradas.



Hay miradas que llevan un tesoro;
cuyas sonrisas, consuelan y acarician.
Son miradas que perciben quienes somos,
son miradas que suavizan las heridas...
Hay miradas que siempre nos abrazan,
aunque sucios estemos, del peor lodo.
Y...¡Ay!...Hay miradas que nos juzgan
y reprimen, sin siquiera conocernos un poco...
Hay miradas que adivinan...
Que rozan, que siempre engendran vida...
Son miradas, plenas de lo hermoso,
capaces de saciar la sed cautiva...
Hay miradas, por fin, que encandilan
y que tienen aroma, color y melodía.
Esas miradas, ¡bellas armonías!,
que motivan nuestros pasos, día a día...

Presbítero José Luis Carvajal



jueves, 4 de junio de 2020

7 de Junio: Santísima Trinidad


El “Domingo de la Santísima Trinidad” tiene lugar el 7 de junio de 2020, es justo el domingo después de Pentecostés. La Santísima Trinidad es ciertamente un misterio, una verdad de fe que Dios nos ha ido revelando poco a poco. El Espíritu Santo es distinto del Padre y del Hijo, pero consustancial, igual y coeterno con ellos... un sólo Dios en tres personas distintas.

Esta fiesta comenzó a celebrarse hacia el año 1000, y fueron los monjes los que asignaron el domingo después de pentecostés para su celebración. El Domingo de la Santísima Trinidad fue instituído relativamente tarde, pero fue precedido por siglos de devoción al misterio que celebra. Fue en 1334 cuando el papa Juan XXII la introdujo como fiesta oficialmente en la Iglesia.

Celebrar esta solemnidad tiene sentido, puesto que por el Espíritu Santo llegamos a creer y a reconocer la Trinidad de personas en el único Dios verdadero. La Santísima Trinidad es ciertamente un misterio, pero un misterio en el cual nosotros estamos inmersos. Un océano que no podemos esperar abarcar en esta vida. 


Lecturas y Evangelio domingo 7 de junio de 2020


PRIMERA LECTURA


Lectura del libro del Éxodo (34,4b-6.8-9):

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. 
El Señor pasó ante él, proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.» 
Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: «Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»

Palabra de Dios


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SALMO

Dn 3,52-56

R/.
 A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, 
bendito tu nombre santo y glorioso. R/. 

Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R/. 

Bendito eres sobre el trono de tu reino. R/.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos. R/.

Bendito eres en la bóveda del cielo. R/.

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SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (13,11-13):

Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.

Palabra de Dios

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EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan (3,16-18):

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra del Señor




miércoles, 3 de junio de 2020

Descansa y confía.



Si estás pasando por un momento duro, espera, descansa un momento tu pena, y confía... 
Nada es para siempre, pero las ENSEÑANZAS se quedarán de por vida... 
Si por el contrario, la vida ahora te sonríe, BENDICE a Dios por ello, y DA un poco de alegría, apoyo, soporte y consuelo a quien en este momento te NECESITE... pues la VIDA, tarde o temprano, te dará lo que tú le hayas dado a ella.



lunes, 1 de junio de 2020

María, Madre de la Iglesia.





Por: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net 

Si queremos saber lo que significa María como Madre de la Iglesia, abrimos los Hechos de los Apóstoles y vemos cómo Lucas --que al principio de su Evangelio ha centrado los dos primeros capítulos en la Maternidad divina de María, ahora nos la presenta como la Madre de la Iglesia naciente.

Los cuatro Evangelios no nos dan la vida del Señor de una manera seguida, lógica y completa, como nos gustaría a nosotros tener la historia de Jesús. Todos sus hechos son semejantes a piezas de mosaico, que nosotros, bajo la guía del Espíritu, sabemos unir para alcanzar la imagen perfecta que Dios nos quiere mostrar del Señor.

Esto es lo que nos pasa con la figura de María en el Evangelio y en los Hechos de los Apóstoles: piececitas sueltas que nos dan al fin una imagen singular y magnífica de María.

Empezamos por Marcos, y vemos cómo los creyentes somos la madre, hermanos y hermanas de Jesús. Ya no es la carne ni la sangre, o la generación natural de los descendientes de Abraham, lo que constituye la familia o el Pueblo de Dios, sino la fe en Jesucristo.

Viene Lucas, y nos presenta a María como la gran creyente, de modo que Isabel, llena del Espíritu Santo, la colma con la alabanza suprema:

- ¡Dichosa tú, que has creído!

Así tenemos a María como doblemente Madre de Jesús: como quien le ha dado su ser de Hombre, y como quien lo ha concebido por la fe más profundamente que nadie. Lucas nos hace entender perfectamente a Marcos.
María, nos dice ahora Juan, lleva esta su fe hasta la noche oscurísima del Calvario --durante la que no ve nada, pero sigue creyendo con fe firmísima--, y es entonces cuando le declara Jesús la maternidad espiritual sobre todos los creyentes:

- Ahí tienes a tu hijo.

Esto, lo que le dice a Ella. Y nos comunica a continuación a nosotros:

- Ahí tienes a tu madre.

Desde este momento, la Iglesia, representada por Juan, recibe a María y la cuida como Madre suya.

Mateo mira la fe como la estrella de los Magos, a los que guía hasta dar con Jesús, al que encuentran en los brazos de María, su Madre, la cual se lo ofrece para que lo adoren y le den el beso más tierno. De este modo, Mateo nos presenta a María como la gran dadora de Jesús a los hombres.

Los Hechos de los Apóstoles nos hacen ver a María en el centro del grupo. Pedro y los Apóstoles son la cabeza que rigen y gobiernan, y María es el corazón que llena de calor a la primera comunidad cristiana. Los Hechos la presentan al frente de la fe y de la oración, alentando la unión de los discípulos, primero esperando la venida del Espíritu y después viviendo el fuego de Pentecostés.

Los Evangelios y los Hechos, nacidos en las primeras comunidades cristianas como expresión de su fe, nos presentan así a María. Y así es también como nosotros la vemos, la creemos y la vivimos, pues somos la misma Iglesia que enlazamos con los Apóstoles, unidos en Pedro su cabeza.
Aunque no lo escriban expresamente los Hechos, pero, por lo que nos dice en ellos la misma Palabra de Dios, es fácil imaginarse la actitud y quehacer de María dentro de aquella Iglesia primitiva.

La vemos, ante todo, evangelizar a Jesús en los misterios de la Infancia. Todos los especialistas de la Biblia nos hacen ver cómo lo que sabemos de Jesús por Mateo y Lucas en sus primeros años tiene por fuente única a la Virgen María. Sólo Ella era la depositaria de unos hechos de Jesús desconocidos de todos. Unicamente su Madre, que había observado, meditado y guardado todo en su corazón, podía transmitirlo a la Iglesia.

María, que cuidaba de Juan como de un hijo, volvió a llevar en Jerusalén la vida escondida de Nazaret, metida en los quehaceres de casa como cualquier otra mujer, pero conocida ahora como La Madre del Señor Jesús, querida y venerada de todos.

María, que siguió muchos de los caminos de Jesús por Galilea, seguía ahora las actuaciones de los apóstoles de su Jesús, a los que decía lo que el Evangelio de Juan, con mucha intención, pone en sus labios como dirigido a los criados de la boda:

- Haced lo que Jesús os diga, cumplid todo lo que Él os enseñó.

¡Y cómo amaba a los apóstoles! ¡Cómo los miraba! ¡Cómo los animaba! ¡Cómo los bendecía!... Ahora ya no había misterios sobre Jesús, y María y los apóstoles no podían sino amarse con el mismo Corazón del querido Hijo y adorado Maestro.

Por el libro de los Hechos sabemos que todos se reunían para la Fracción del Pan, convencidos de la presencia real del Señor en la Eucaristía. ¿Cómo recibiría María a Jesús, el mismo Pan divino que se horneó en sus entrañas de Madre? Es fácil adivinarlo.

La Comunión de María era por fuerza una Comunión única, y en cada Comunión quedaba María, la llena de gracia, colmada cada vez de una gracia creciente hasta límites casi infinitos...

El amor nos dicta muchas cosas al hablar de María. Pero, aunque pongamos en las palabras todo nuestro corazón de hijos, preferimos hablar de María así, con la Palabra de Dios en la mano. Dios no ha podido ser más claro ni más explícito.

¿Puede haber un cristiano que no quiera a María?





Junio: Mes del Sagrado Corazón de Jesús


La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.
Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.
La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días.
Esto significa que debemos vivir este mes demostrándole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.
Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

domingo, 31 de mayo de 2020

Feliz Pentecostés.


-Para que con el don de la Sabiduría aprendamos a valorar las cosas lindas de la vida. Oremos
-Para que con el don de Entendimiento comprendamos las cosas de Dios, aunque a veces no las entendamos demasiado. Oremos
-Para que con el don de Consejo podamos seguir siendo amigos aún en los momentos difíciles. Oremos
-Para que con el don de Fortaleza sigamos siempre tu camino aunque resulte difícil. Oremos
-Para que con el don de Ciencia seamos capaces de reflexionar tranquilos en los momentos de bronca. Oremos
-Para que con el don de Piedad comprendamos que rezando encontramos la fuerza necesaria para seguir a Jesús. Oremos
-Para que con el don de Temor de Dios nos acordemos de hacer siempre las cosas que le gustan a Dios. Oremos